Lo mismo que tenemos el médico de cabecera al que recurres cuando sientes que el engranaje de tu cuerpo no va todo lo bien que debería, este vecino
del mundo tiene sus películas de cabecera. Por supuesto que no encontraréis
ninguna película de Ingmar Bergman, ni de Werner Herzog, ni películas de
culturas remotas en blanco y negro y de bajo presupuesto que se miran al
ombligo. Y es que si uno se quiere cortar las venas no necesita ayuda. Deben de
ser películas que como la aspirina cumplen una función analgésica, películas
terapéuticas. Tampoco entraría una de las películas preferidas por este vecino,
Doctor Zhivago, porque después de ese gran amor, viene la soledad, y te vuelve
a doler el alma.
Para esos momentos que tienes que andar con mucho cuidado
para no pisarte la moral, que no se ha ido al piso de abajo, porque
afortunadamente no hay ninguna grieta en el parqué, está muy bien, por ejemplo,
el cine británico con “Love actually”, “Cuatro bodas y un funeral” o “Notting
Hill”, con un Hugh Grant haciendo de sí mismo, suponiendo que el Señor Grant a
las primeras de cambio diga “Joder, joder”, pero son películas, eso sí, para
verlas con gafas de sol, porque todo en ellas es brillante, y este vecino no se
refiere a que son obras maestras, sino que la vida en ellas merece la pena
vivirlas, amores en letras mayúsculas, con amigos a la altura, y no puedes parpadear
porque seguro que algo te pierdes. Donde lo importante no se dice de manera
trascendente y parando la acción, sino quizás se esconde detrás de un chiste.
Por supuesto que si hablamos de películas analgésicas,
dos nombres del cine americano, juntos y separados, nos tienen que venir a la
mente, y si fueran católicos, que ni este vecino sabe, ni le importa, entrarían
bajo palio: Tom Hanks, y Meg Ryan, la novia del vecino antes de que pasara por
el quirófano y sufriera ese accidente, porque no se puede definir de otra
manera lo que le hicieron, que le cambió la expresión.
De Meg ya se ha hablado anteriormente en este blog (http://patxipe.blogspot.com.es/2011/08/por-siempre-meg.html),
pero la combinación con el Señor Hanks, aunque quizás no compartieran
prácticamente plano hasta el final de la película, “Algo para recordar”, crea
un mundo de bondad, donde los amores arrebatadores son posibles, y donde chico
y chica, sin remedio ni perdición, se buscan para ser felices, y de paso hacer
feliz al espectador. Y quizás el séptimo arte tenga mucho de eso, de intentar salir del
cine tras haber olvidado tus problemas por un buen rato.
Las películas, quizás deben ser como los trajes, hay uno
para cada ocasión, y hoy tocaba sonreír con el amor en comedias ligeras.
*FOTO: DE LA RED