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sábado, 31 de octubre de 2015

EL QUINTETO DE LA MUERTE, O CELEBRANDO HALLOWEEN A LA ESPAÑOLA



Aviso: Hoy hay peligro.

No, no lo digo porque es la noche de Halloween, que también, sino que nos hemos juntado cinco amigos, que por circunstancias de la vida no habíamos coincidido todos juntos desde hace muchísimos años, y en muy poco tiempo nos hemos puesto de acuerdo, y salimos esta noche.

Si fuéramos de la jet set, hubiéramos dicho algo así como que, hemos conseguido cuadrar agendas, y esta noche nos vamos de cuchipandi.

En realidad, y si esto lo pudiéramos repetir el año que viene, ya sería tradición, una suerte de noche de modistillas, pero al ser de hombres, podríamos bautizarlo como reunión de donantes de testosterona.
Eso sí, y en parte por aquello de la vergüenza, para no ser reconocidos, vamos a salir disfrazados.

Este vecino del mundo, al mencionar “disfraces”, siempre se acuerda de los Hermanos Hernández y Fernández, personajes de Tintín, que cada vez que se iban a un país de esos denominados “remotos”, y con el fin de pasar desapercibidos, ya que ellos eran policías, se ponían el traje típico de aquel país, y por supuesto, que daban el cante. Por eso, me temo, que a lo mejor salimos los cinco por las calles donostiarras, y para no pasar vergüenza porque no encontramos a otros disfrazados, tenemos que mentir. Lo tenemos preparado, diremos, como en voz baja, que estamos subvencionados por el ayuntamiento, y ya hablando de una manera formal, meteremos el cuento de que es para dar un poco de “glamour” a una noche que nosotros nunca habíamos celebrado, pero que, ya se sabe, siempre es bueno para el comercio local, como siempre se dice, con el fin de promocionarlo.

Vaya por delante, que hemos querido que el desfile de los cinco no destilara sabor americano, sino sobretodo que imperara, por decirlo de alguna manera, el humor excesivo a la española. Lo de los disfraces, en realidad ha sido barato, y además partíamos de intentar “reciclar” o dar uso a cosas que ya teníamos nosotros de otras fiestas o saraos. 

Contábamos con un disfraz de tirolés, y como entre los cinco la calvicie está bastante extendida, y para más datos, uno de lo que ya hemos denominado como “quinteto de la muerte” se parece un rato a Rato, Don Rodrigo, pues eso, que no hay nada más que comentar al respecto. Y para redondear la figura, y que sea más que evidente la crítica al Señor Tirolés le adjuntamos un maletín negro, y para recalcar su importancia se lo uniremos perennemente con una esposa a su muñeca.

El segundo de los amigos, y por darle a la descripción un orden, es bastante alto, moreno, con canas, y barbudo, que remotamente pudiera recordar a un Presidente del Gobierno todavía en activo. Va a ir con un traje azul, que dicho sea de paso, mi amigo ya no necesita, por ser uno de esos parados de más de cincuenta y cinco años. He dicho lo anterior, porque el traje va a ser manchado sospechosamente con tomate, ya me vais entendiendo, especialmente en su bolsillo derecho, del que va a salir como por descuido, aunque ya lo hemos grapado en su interior, una peluca morena que acaba en una reconocible coleta. El que quiera entender que entienda.

El tercer amigo, aunque guipuzcoano de nacimiento, lleva muchos años viviendo en Bilbao. Y su disfraz no ha podido ser “negociado”, él tenía muy claro que quería ir de Maestro Shaolín, ya que el caso del Shaolín asesino en Bilbao, en cierta manera le afectó bastante, porque debía de vivir por esa zona. Y para que quede clara su antipatía por ese individuo, él va a ir toda la noche esposado.

El cuarto amigo es, ¿cómo diríamos sin regodearnos?, exageradamente estrábico, si eso es posible. Y como muchas veces le ha ocurrido durante su vida, hay gente que asocia eso, a traer mala suerte, y por eso esta noche va a ir de arriba abajo pintado de amarillo, y para que quede clarísimo, un letrero en negro a la altura del pecho, por delante y por detrás, con la palabra: gafe.

Ni que decir tiene que con el fin de ir haciendo sitio en los bares de la zona, cada vez que entremos en un garito para tomar un trago, y hacer unas risas, entrará el primero. Y es muy posible que parezca que va a sacar un corner, porque probablemente los clientes que ya estén en el local se pondrán en el otro lado, por aquello de más vale prevenir…

Y ya para terminar, en mi caso, y como quinto y último, voy  a ser el más internacional. Me he empeñado, porque en su momento me gustó mucho, el musical en su versión cinematográfica, y me voy a disfrazar de Sweeney Todd, el barbero asesino de la londinense Fleet Street

Aunque es un personaje netamente victoriano, me voy a poner una camisa blanca (fácil de limpiar), un chaleco negro que ha sido testigo de varias bodas, y cubriéndolo todo una bata que era blanca en origen, pero que como la utilizo para pintar al óleo, y últimamente uso mucho el rojo, manías pasajeras, da la impresión de que he causado varias víctimas.

Para los que ignoren el tema de Mister Todd, no solo se cargó a muchísima gente en su barbería, sino que además, una amiga suya que tenía una taberna cercana, condimentaba con los restos, unos sabrosos, eso se decía, pasteles de carne.

Por eso, y para darle un toque satírico actual, y a la española, junto con la navaja de afeitar, que no es de verdad, sino de plástico, y su correspondiente brocha, que irán en el bolsillo del pecho, me voy a colgar de la bata una ristra de chorizos, y beicon, mucho beicon, en clara alusión a las últimas noticias que nos dicen que pueden ser mortales, por aquello del cáncer.

Como ya sé lo que va a ocurrir con mis lectores, desde ahora digo que no voy a contar el desenlace de la fiesta. Como se dice en Las Vegas, lo que ocurre en la fiesta, se queda en la fiesta. De todas maneras, si ocurriera algo, digamos que importante, convendrá leer mañana los periódicos locales, como hubiera dicho Mr. Todd: Just in case. O como hubiera traducido Curro Jiménez en el caso de que hubiera dominado el inglés, en lugar de a los ingleses: Por si “acazo”.


Lo dicho, hoy hay peligro. ¿Y vosotros, os lo vais a perder?

*FOTO: DE LA RED