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jueves, 2 de junio de 2016

UN SUSPIRO PROLONGADO Y UN MOHÍN MALOTE


Si como dice el tango “veinte años no es nada”, cuarenta deben de ser como un suspiro prolongado, y cuando te das cuenta del casi niño que eras, no eres abuelo porque a tus hijos no les ha dado por procrearse, o al menos no ha habido notario que levantara acta en tal sentido.


Y es que hay noticias, que realmente te hacen sentir el paso del tiempo. Estos días se está celebrando, es un decir, la última selectividad. Ya han pasado cuarenta años, de ahí lo del “suspiro prolongado”. No, no es que a este vecino del mundo le den ataques de añoranza muy frecuentemente, quizás porque venía de unos años de los que tampoco había mucho que añorar. Lo que ocurre es que este vecino estuvo en aquella primera convocatoria de Junio de 1975, concretamente en Donosti, y a la que él asistió, tuvo lugar en la Facultad de Derecho.


Sí, curioso seguidor, a mí también me salen 41 años tras hacer la resta, sin embargo toda la prensa se hace eco de esos “40 años”. Me imagino que igual hablando de años académicos, cuentan como 40, porque ni me ha apetecido ni tengo paciencia como para hacer la cuenta exacta.


Al ser de un pueblo, el tener que ir a la capital, creo recordar que durante dos noches, fue más una especie de excursión, de la que recuerdo que la noche en que llegamos, y para evitar tensiones, nos fuimos al cine, naturalmente a ver el éxito del momento: “El jovencito Frankenstein”.


De nuestro instituto, en Junio aprobamos todos. Se comentó que a nivel de la provincia aprobaron también muchísimos, porque, como todo en este país, el primer año de la selectividad fue de gran controversia, y hasta muy última hora, tampoco (porque al parecer, con los cambios que se están dando ahora, ocurre lo mismo) se sabía exactamente cómo se iba a desarrollar la prueba.


Se suele decir que lo importante para evolucionar es no olvidar el pasado, y este vecino no lo olvida, aunque parece ser que muchos sí, porque no aprendemos. Y como dijo ese gran filósofo español, Don Julio Iglesias, “La vida sigue igual”. Eso sí, ahora a todo color y con pirateo de todo tipo. Aunque ya se sabe que “piratas” ha habido siempre, especialmente sin parche en el ojo.


Los que siguen a este vecino del mundo ya saben que si algo le sobra, al menos lo intenta, es ironía. Y que cuando decía “pirata” se ponía un poco meloso, guiñaba un ojo y hacía un mohín con sus labios, mientras pensaba en un cardenal que estos días “ha arremetido”, porque esta es la expresión que mejor le va, contra los homosexuales.


Este vecino tiene la desgracia de que le gustan las mujeres y que, además, no le hacen mucho caso. Pero, aun así, lo que no está bien, no lo está, y para no romper con mi costumbre de no perder los papeles, el cuerpo me pedía  hacerle un mohín malote al citado cardenal, mientras le llamaba, y no es gran cosa: Pirata.


Lo dicho, ni veinte, ni cuarenta años son nada, cuando uno no quiere ver la vida como viene, aunque ningún parche se lo impida aparentemente, o crea que tiene razón en todo. Esto último debe de ser fuente de todo sufrimiento, al comprobar lo malo que son los demás, siempre los demás.

*FOTO: DE LA RED


lunes, 9 de septiembre de 2013

PIRATAS DE SOFTWARE DULCE

He tenido que resetear  el ordenador, y por esas neuras que le dan a uno, y al quedar el disco duro libre de polvo y paja, me he imaginado que tiene que ser muy parecido a sufrir de amnesia, con la diferencia de que, se supone, ésta se pasará algún día, y cada imagen, y día, tendrán su recuerdo, si es que tienen que tenerlo.
Incluso me imagino que los mismos olores te tienen que ayudar a recordar, cosa que con un disco duro no ocurre. A  este vecino del mundo, oler a pólvora siempre le retrotrae a la víspera de los Reyes Magos, allí en su Elgoibar natal, esperando  que la cabalgata bajara del monte, aunque siempre le hizo sospechar que en todo aquello había algo raro, más que nada por el “negro” de los pajes, más agudizado en algunas partes de su cuerpo que en otras. Los negros de las fotos y de las películas, no eran igual. Y, otro pequeño detalle, se supone que la comitiva era la primera vez que llegaba a ese pueblo, y saludaban a todo el mundo como si les conocieran de toda la vida.
Tiene que ser realmente duro estar delante de la persona que más has querido en tu vida, y ser incapaz de situarla en tus recuerdos, porque, en realidad, viviremos más allá de nuestras vidas siempre que haya alguien capaz de recordarnos, para bien naturalmente, porque en el otro caso, como se dice en mi pueblo, en ese mismo de la cabalgata, en realidad te acuerdas de la madre que le parió, lo cual es realmente injusto con esa madre, pero así es la vida, y sino que se lo pregunten a la madre de un árbitro de fútbol.
Por cierto, lo que ocurre con los discos duros es igual a lo que ocurre con nuestras propias vidas. Siempre hacemos el firme propósito de no meter, y con perdón, más mierda en ellas, y en el disco duro del ordenador, y al final, siempre encontramos de todo, y no nos damos cuenta hasta que es otra persona la que enreda entre lo nuestro, y saca cosas que en realidad nos hacen enrojecer, o más bien cambiar de tamaño, e intentar desaparecer, por de pronto, de los ojos del que, con permiso o sin él, ha entrado en nuestro disco duro de los recuerdos.
Además,  y ya para terminar, en el caso de que sufriéramos de amnesia, no es el caso de los demás,  y es tan importante recordar , como ser recordado. Por eso este vecino no entiende a todos aquellos  que en un momento, o en muchos, han defraudado a los que les rodeaban, porque podrán resetear su disco duro, pero hay muchos más discos duros, que no podrán tocar, y esos siempre serán testigos de su comportamiento, y si se vistieran como se tiene que vestir un hombre, o una mujer, no vivirían tranquilos;  pero éso también tendrá que ver con el tipo de software que utilicen. Y muchos de ellos no es que pirateen su vida, sino que ellos mismos son unos auténticos piratas, piratas de software dulce.

*FOTO: DE LA RED