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miércoles, 8 de agosto de 2018

RÉQUIEM POR UN ORDENADOR


Cada verano trae su inevitable canción, la famosa y la mayoría de las veces repetitiva hasta el odio canción del verano.

Este año, todavía al menos, no parece haber nada claramente definido si nos olvidamos de ese “Chico malo” que ya viene de hace  unos cuantos meses, y que a más de uno, incluido este vecino del mundo, le ha dado cuando menos ganas de limarse las venas.

Eso sí, en lo que parece que no va a haber ninguna duda es en el tema del verano: el master del Señor Casado, y el padre del master que lo parió. O lo que viene siendo, al parecer, el que puso un chiringuito para regalar “másteres” a tutiplén.

¡Es curioso, curiosísimo! En un mundo en el que ya no se regala ni el perejil, y en las tiendas te hacen la machacona pregunta, cuando pasas por caja “¿Quiere usted bolsa?”, para así clavártela, y se ahorran ya la humillante cantinela de “son cinco céntimos”, alguien regalaba, presuntamente, títulos como en una pescadería, “fresquitos y del día”. Y ahora viene la inevitable pregunta: ¿Por qué? ¿Con qué fin?

El Señor Casado ha cometido, al margen de lo que pudo ocurrir en la manera de conseguir el master, un gran error: dar muchas explicaciones. Y cuando uno habla mucho, llegamos al “por la boca muere el pez”,  y hace un tiempo, el Señor Casado comentó algo así como que había conseguido sacar una copia de sus trabajos para el master del viejo ordenador. Y como en cualquier novela o película negra, cualquier seguidor ya sabe que el mencionado “viejo ordenador” a partir de ese momento, y para que no hable, ya está muerto.

En cualquier momento, y no a mucho tardar, la policía entrará en algún lugar donde encontrarán un ordenador golpeado y machacado, en el que cualquier autopsia informática será vana. Todos sabemos que la idea ya no es original, porque recordamos el disco duro en el más que célebre caso “Bárcenas”, pero sí resultó efectivo. Y es que más de treinta golpes machacan a cualquiera.

Lo malo que tienen las canciones y temas del verano, es que por repetitivas, y consecuentemente cansinas, ya nunca podrán ser estudiadas objetivamente. Aunque debiera de quedar suficientemente claro, que si en algún momento alguien dio algo que no le correspondía o debía dar en las circunstancias en que lo hizo, también tiene culpa el que lo aceptó. Y en esas estamos…

*FOTO: DE LA RED