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lunes, 27 de abril de 2020

EL FIN ÚLTIMO DE LAS COSAS...



No sé vosotros, pero yo tengo la sensación de que con este coronavirus nos hayamos enterado del fin último de las cosas; algo así como la caída de Pablo de su caballo; de la muerte del protagonista antes de comenzar su historia; de quiénes son los Reyes Magos, y el ratoncito Pérez. Y que los valores, las creencias, da lo mismo colocarlas hoy, o mañana en el calendario, pero siempre que se coloquen, para luego pasar por caja y que te apliquen el correspondiente IVA.

También ha servido, por si teníamos dudas, para comprobar que tenemos un gobierno cobarde, porque todos somos unos cobardes, y nos seduce más criticar a tiro fijo que tomar la iniciativa y jugártela tú.

Los políticos que nos mandan, cada vez que tienen que tomar una decisión, les tiemblan hasta las canillas, y a nosotros nos sobra caradura. Y sino, sirva para comprobarlo, nuestro comportamiento de ayer, al salir con nuestros niños a dar un paseo. Porque los únicos que dicen la verdad son nuestros hijos con su comportamiento, porque aprenden lo que ven y escuchan en casa.

Nosotros, los adultos, nos cansamos de decir que nos encantan los documentales de la segunda cadena, y es muy probable que si les preguntaran a nuestros hijos, respondan preguntando qué es eso. Porque en su casa, en la nuestra, nunca han oído ni visto un mísero documental, ni tan siquiera, su concepto…

Tan solo tengo la esperanza de que el próximo marzo no nos vuelva a pasar lo mismo, otra pandemia. Más que nada, porque estoy convencido de que no habremos aprendido, y que para nosotros, desde hace tiempo ya, dos veces seguidas es una tradición.

Mientas terminaba este post me ha sonado el móvil (es verdad, y no un recurso) y durante unos diez segundos no me contestaba nadie. Creo que se me ha parado el corazón dos veces, y al final ... era Vodafone. Lo dicho, al final siempre hay que pasar por caja, y en este caso no me refiero a la de pino, que también.

*FOTO: DE LA RED

viernes, 6 de septiembre de 2019

¿MANERAS HURACANADAS?


Sorprender a este vecino del mundo es cada vez más difícil teniendo en cuenta, en especial, de cómo está el panorama actual de que el que no corre vuela para hacerse con ese minuto de gloria  que las nuevas tecnologías, con sus redes sociales, brindan en cada momento en una especie de atalaya que parece invitarte a gritar en el Finisterre de lo todavía conocido
Por cierto, oí ayer que alguien ha definido a Twitter y similares como que cada vez se parecen más a quedarse sólo tras la última copa en un bar a las cinco de la mañana, y me parece acertadísimo.

Esta especie de reflexión con la que he comenzado este post, viene a colación a que hace dos o tres días, otra vez fui superado por unas imágenes de los informativos televisivos en los que se veía a “nuestro” cocinero y pica en el Flandes norteamericano, José Andrés, en una especie de auto-vídeo luchando con su O.N.G., contra todos los elementos naturales desatados en unas Bahamas de pesadilla a causa del huracán Dorian, y eso que en realidad él se encontraba todavía a unos ciento cuarenta kilómetros de distancia.
Me sorprendí a mí mismo diciendo delante del televisor un “¿Realmente es necesario todo esto?”. Y todavía me lo sigo preguntando.

No he oído a nadie cuestionándose este hecho, no el fondo en realidad, sino esas maneras de película catastrofista que en su momento, años setenta, se rodaban en un modernísimo, para entonces, TODD-AO Y 70 MM, que era como el echar la casa por la ventana en lo último de lo último.
Y comentándolo con un amigo como recurso antes de tumbarme delante de un psicólogo, éste me decía que “eso” son maneras a la americana, norteamericana en realidad. Y no le falta razón.
Porque nosotros, el españolito de a pie, es de ayudar, en realidad siempre somos de los primeros en apuntarnos a todo, pero más en el sentido de que “uno hace lo que tiene que hacer”, pero sin grandes alharacas, aunque luego salga el secretario de turno de un departamento de cualquier ministerio poniéndose la medalla también de turno.

Habrá que quedarse, ya para terminar, con ese socorrido “el fin justifica los medios”, pero a este vecino del mundo le seguirá chirriando algo en su interior…

*FOTO Y VIDEO: DE LA RED





miércoles, 24 de agosto de 2016

LO QUE EL CORAZÓN SE LLEVA



¿Qué harías si te enteras que dentro de veinticuatro horas es el fin del mundo?


Esa pregunta la hicieron hace un par de días en un programa de radio, mientras paseaba en solitario a eso de las dos de la madrugada muy cerca del mar, buscando el pedazo de luna que faltaba.


Desde entonces, la pregunta se ha pegado a mí como una lapa.


Tras la primera típica respuesta que, sin tapujos ni milongas, la mayoría de nosotros públicamente, o no,  haría vendiéndonos una orgía sin fin (pero, no nos engañemos, con veinticuatro horas de caducidad), creo que desde un primer momento lo tuve clarísimo.


Prácticamente lo primero, y lo único, que haría sería decir a las dos personas más importantes en mi vida, y sin orden, lo mucho que las quiero.


Una de ellas, es fan, y crítica cuando se le pregunta (que eso siempre es muy importante), de este blog. Se negará a reconocerlo, pero en el fondo, está segura de que es ella. Esa persona que ha sabido cambiar los esquemas de mi vida, y ha calado en cada poro de mi piel.


La otra persona, si le importo, me imagino que siempre es después de mucha gente. Quizás, nunca una mala palabra desde su lado, pero nunca también, aunque parezca una contradicción, o al menos desde hace muchísimo tiempo, un buen gesto. Pero ese tipo de amor, el mío por ella, nunca cesará tampoco.


Al final, parece que el amor es una especie de salvavidas, ¿la nuestra?, que flota por encima de todas las adversidades y quiere quedar por encima del último recuerdo. El amor es ese sello indeleble que quieres que permanezca con el último aroma de tu esencia.


¿Algún otro deseo por cumplir?


Uno, quizá, muy sencillo, porque se puede comprar con dinero, pero al mismo tiempo bastante complicado cuando no se tienen medios. Pasar una noche de luna llena, requisito indispensable, en calma chicha, a bordo de una embarcación (de unos cinco metros es suficiente), tumbado en ella, observando el cielo hasta que parezca que me elevo, o me caigo en el abismo que me rodea, porque ambas pueden ser las sensaciones. Que conste que tampoco lo pongo muy difícil, porque, y quizás también sea mucho pedir, en la mitad de la bahía donostiarra puede convalidar ese deseo.


Al final, debe de ser verdad eso de que nos vamos ligeros de equipaje, porque lo verdadero, nuestro tesoro, siempre va en el corazón. ¿Puede sonar cursi? Es la verdad, aunque ésta se pueda disfrazar de mantequilla deslizante…



*FOTO: DE LA RED

sábado, 29 de marzo de 2014

YO NO HE PEDIDO ESCRIBIR



Yo no he pedido escribir, nunca lo he hecho. A nadie he pedido reventar la mañana con pensamientos escritos, el saltarme el guion previsto. Nunca quise hacer del desamor una historia, porque el desamor era el fin de la historia.

Pronto aprendí que escribir es fotografiar el pensamiento, gritar a los cuatro vientos los más profundos secretos. Escribir es dejar un testamento  al descubierto, hacer una autopsia de la vida.

Yo no he elegido escribir. Nunca quise sacar la cabeza del furgón de cola. Siempre quise vivir mi vida y dejar vivir a los demás. Pero existen las noches extrañas, los días de lluvia, los momentos tristes. Esos instantes, en que tu cuerpo es una isla, y necesitas una botella en la que mandar tu mensaje al exterior. Necesitas proclamar que estás vivo, o quizás simplemente indicar en un mapa, dónde se encuentran las cenizas de tus sueños, de esos sueños que eran tu norte pero que el viento de la vida más que desplazarlos los extinguió. 

Necesitas confesar que existe alguien con las mismas preocupaciones que los demás, que la historia se repite, que quizás somos originales, pero no únicos.

Yo no he elegido la mañana para escribir en su primera luz del día, pero sí tengo la necesidad de lanzar señales de humo para indicar mi pensamiento, para sugerir que existen mundos secretos, mundos que no hablan pero que se crearon al ser sentidos.

Yo no he elegido la última luz del día para escrutar en el polvo del recuerdo, y abrillantar sentimientos pasados, dejándolos como los chorros del oro, vivitos y coleando. Aprendí a ver en la oscuridad del desdén, en el más allá de una carretera cortada, en lo que ocurre tras “el fin” de una historia, qué se oculta detrás de una puerta cerrada.

El lenguaje de los ojos de mi primer amor, el deseo oculto de sus labios, la sombra de su sonrisa, me enseñaron que todo aquello no se podía ocultar en el olvido. Yo no he pedido escribir, pero lo necesito para sentir que la vida es algo más que un corazón latiendo, que una sucesión de días que te llevan al final. Necesito dar respuestas sin preguntas, explicaciones que no tengan  un origen. Escribir, quizás, sea darte las gracias por no haberte conocido, porque ya solo la espera mereció la pena.


*FOTO: DE LA RED



viernes, 2 de agosto de 2013

DEJANDO A PAPITO

Hoy hemos tenido que llamar al servicio técnico del aire acondicionado, porque más que enfriar el ambiente, parecían las piscinas municipales, manaba agua que para sí lo hubiera querido la fuente de Lourdes.
Nos ha atendido Wilfrido Vargas, que aunque tiene nombre de músico dominicano, como nos ha informado él, éste es cubano de Cuba, y no de Miami.
Mientras arreglaba el aparato, ya veremos hasta cuando, hemos pegado un repaso a la política actual desde su especial punto de vista.
Me ha comentado, no sin gracia, que ayer durante la comparecencia de Rajoy, y con tanta cita que dio, y con tanto fin de cita, aquello parecía una casa de lenocinio, y más teniendo en cuenta que todo empezó por problemas de dinero, y curiosamente, por tener más que el que se supone tenían que tener.
Lo mismo que le ocurrió al segundo protagonista de nuestra conversación, el supuesto Duque Empalmado, porque mucho decir, pero con la que le está cayendo, merecidamente por supuesto, y más que le va a caer, lo único que tiene tieso es la cuenta corriente, la que se le conoce, naturalmente.
Wilfrido me comentó que la supuesta huida de la Infanta está bien pensada, aunque en realidad, presuntamente añadiré yo, está dejando a su papito, pero además se quita de en medio para los medios informativos, y  en el caso de que también tuvieran dinero en Suiza, siempre lo tienen a mano, porque como me dijo el cubano de Cuba, el dinero es como las flores, y también merece la pena verlo crecer.
El Señor Vargas, mientras terminaba el arreglo, me comentó que para él el infierno está en la vida misma, y que el Duque y Bárcenas tienen en común que han estado primero en el cielo, viviendo y gastando de lo mejor, y siendo bien considerados por la sociedad, concretamente, el papito rubio, durante mucho tiempo fue el hijo y el yerno que todas las madres de España hubieran deseado, y, ahora en cambio, aunque todavía están a las puertas del infierno, ya comienzan a sentir los ardores de la acusación.
Un buen tipo el Señor Vargas, y su bautizo, del Duque Empalmado a Papito abandonado, impagable, presuntamente, por supuesto.

*FOTO: DE LA RED