lunes, 14 de noviembre de 2011

EL CALVO VISIONARIO


Quien más quien menos durante esta crisis, que se sabe cuándo ha comenzado pero se ignora cuándo acabará, si es que acaba, se habrá acordado de la frase bíblica de los siete años de vacas gordas y de los siete de vacas flacas. Y es que en realidad al final todo se reduce al estomago.
Durante la crisis la mayoría va despojándose de gastos superfluos y tiene que relajar sus costumbres, Ésto poco a poco se está convirtiendo en un maratón donde para seguir corriendo habrá que ir utilizando el vestuario y comida estrictamente necesarios, y habrá que ir prescindiendo de todo lo superfluo.
Cada vez hay más casos de lo que se conoce como hurto famélico y que en realidad se refiere a los robos que son estrictamente realizados para conseguir comida, incluso no se llevan, por ejemplo, botellas enteras de aceite, sino la mayoría de las veces solo una parte del producto.
Mientras, este vecino del mundo se ha enterado, pues ignoraba el dato, que en un país como Bolívia, la célebre empresa del payaso hamburguesero tuvo que cerrar las puertas de los ocho restaurantes que había abierto en las tres ciudades más importantes del país entre 1997 y 2002, porque no terminaban de cuajar las ventas. Hicieron lo impensable, incluso con movimientos que nunca antes habían hecho en los demás países, a riesgo de adulterar su imagen, como utilizar la salsa típica boliviana, llamada llajwa, y aderezándolo todo con melodías folclóricas pegadizas.
No hubo manera, y fueron a la quiebra. Parece que parte importante, pero no toda, pues también hay que añadir el gusto boliviano por la comida elaborada durante horas en la cocina, fue el precio, el equivalente de algo más de dos euros el menú más barato, cuando hoy en día se puede comer en cualquier mercado del país un menú de comida típica por menos de un euro.
Quizás dentro de un tiempo, y tal como está la cosa entre nosotros, van a tener que ir cerrándose más de un circo mercantil, y es que el bolsillo ya no está para, depende qué espectáculos culinarios y de los otros, de los de la vida diaria.
Parece que falta mucho, pero los gastos navideños están ya a la vuelta de la esquina, y no sé que me da que los recortes los van a sentir hasta los Reyes Magos, el Olentzero, Santa Claus, y todo aquel que quiera regalar algo esos días.
Por ahora se pueden ofrecer buenos sentimientos de concordia y felicidad, porque además todavía son gratuitos. Lo que ocurre es que con los cambios que están haciendo casi todos los gobiernos con lo de apretarse el cinturón, a saber si para entonces esos sentimientos ya tienen precio, y por supuesto nada barato.
Por cierto, este vecino sigue echando de menos al calvo de la lotería y su famoso vals. Quizás fue el único que vio lo que iba a ocurrir, y desapareció pensando que él practicaba la magia, pero que no hacía milagros.

*FOTO: DE LA RED

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