De
todas maneras lo que más le gusta de los carnavales a este vecino
del mundo, no es la versión oficial mantenida por la cabalgata, sino
esos ciudadanos de a pie, que se lían la manta a la cabeza, en
algunos casos es literal, y por un rato se olvidan del qué dirán.
Precisamente
junto a la Iglesia de Santa María en plena parte vieja, este vecino
tuvo la suerte de observar a alguna que otra monja de pelo en pecho, enseñando para sorpresa de turistas varios, una liga de inequívoca
factura francesa, mientras el obispo de su supuesta diócesis
alegraba sus votos y su vista.
También
se pudo observar a algún que otro Urdangarín, llegado a menos, en el que lo único
que se le ha pegado de la realeza, aparte de muchos supuestos
millones, es el traje, azul, como la sangre real que no la real
sangre.
Este
vecino del mundo siempre ha opinado que es una gran equivocación
intentar emular en los desfiles a los carnavales de otros lares,
especialmente a los cariocas, porque el
clima no es el mismo, ni la manera de ser de la gente.
En los genes del tolosarra de pro, ya viene el gen carnavalero, en el
que se sabe utilizar la crítica de las cosas y situaciones que les
rodea para hacer unos carnavales del mismo nivel que sus famosas
alubias: etiqueta negra.
Esperemos
que el día de hoy, Domingo de Carnaval, se apiade de las comparsas, y del esfuerzo realizado
vía ensayos desde septiembre del año pasado, y se disfrace de día
caribeño, especialmente por el sol, y no por las tormentas,
y este vecino no desee encontrarse ni con el Señor Clooney, ni con su novia.
*FOTOS: F.E. PEREZ RUIZ-POVEDA
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