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miércoles, 1 de julio de 2020

CON AGUJETAS EN EL ALMA


Y ya estamos a 1 de Julio del 2020. Hemos quemado medio año sin parpadear, o mejor dicho en este caso, el medio año ya pasado nos ha incinerado a nosotros.

Hemos vivido la trama de una película de ciencia ficción y un thriller al mismo tiempo, iba a decir que gratis, pero de eso nada. Ha habido un alto costo sobre todo en vidas, y esa sensación de que estas varias generaciones que habían vivido, por decirlo de alguna manera, “tranquilas”, ya han sufrido su “guerra” particular, que en el mejor de los casos nos ha dejado con el panorama de nuestras vidas cambiado.

Algunos pensarán que exagero, pero ya nunca más seremos los mismos, aunque hagamos las mismas cosas y vistamos las mismas ropas. Teniendo el bagaje que ya tenemos, no podemos mirar hacia adelante, al menos sin agujetas en el alma, por el vapuleo del destino sufrido.

Quizás, y tal como nos encontramos, las verdaderas Navidades se debieran celebrar ahora. Para vivirlas en familia, y recogidos en nuestras casas. Y no ir todos como locos a la búsqueda del virus a la misma playa, o a la misma cola de la terraza, aunque ésta se encuentre en la ciudad.

Ya sé que estoy hablando como un pesimista, que normalmente no lo soy, o al menos no me considero como tal, pero siempre se ha dicho también que un pesimista es un optimista bien informado.

Por cierto, me consta que más de un empresario este año tiene a huevo practicar el chantaje emocional con sus empleados a la hora de que quieran disfrutar sus vacaciones. Además, si otros años sin pandemia ya lo hacen o intentar hacer, lo del chantaje emocional me refiero, ahora solo tienen que hacer una pregunta, "¿No has tenido suficientes vacaciones este año?", mientras te miran a los ojos, esos que en muchas circunstancias, como ésta precisamente, están directamente relacionados con las ganas de defecar.

Una ayuda para intentar contestar adecuadamente a la pregunta comprometida y con mala leche de su “querido” jefe:
"Sí, ya lo sé, pero como buen español y mucho español, nos tenemos que sacrificar yendo de vacaciones, aunque no tengamos ni ganas ni dinero, para que sus compañeros empresarios de la industria turística, puedan salir del paso y respirar con menos dificultad. El deber nos llama."

Y si a eso acompañas con unas lagrimitas saliendo de tus ojos, y el mismo tono que el discurso de Escarlata O´Hara en “A Dios pongo por testigo…”,  llegarás como trabajador en tu mismo curro hasta finales de año. Eso espero.

*FOTO: DE LA RED


sábado, 16 de septiembre de 2017

¿DÓNDE SE FUE PEPITO GRILLO?


Cuando tienes en cuenta los minutos y los segundos en cada cosa que haces, la vida, quizás, se puede convertir en un thriller, y siempre he preferido las películas de amor, porque son las que mejores efectos especiales ofrecen a tu corazón. 

Esas películas en las que chico busca chica, y además la encuentra. Y no solo eso, sino que ella le hace caso. Y además, ella es guapa a rabiar, y lo mejor de todo, que no va desnucando a convecinos a su paso, porque el único que se ha dado cuenta de lo guapa que es, como se decía antes, es el “menda”,
Por cierto, el lenguaje es una de las características que más inducen a pensar en los años que vas cumpliendo.

Quizás, la vida actual, de comida y todo rápido, de aquí te pillo y aquí te mato, está diseñada para que no pensemos en el mañana, sino en el ahora mismo. Porque quizás mirando las “cosas” con perspectiva se pueden ir viendo la de hilvanes defectuosos que la vida tiene, y que no van a resistir una segunda puesta.

De hecho, este mismo post, este mismo artículo, está hecho con mucho tiempo, y sobre todo con mucho silencio, ese mismo silencio que impide que una voz en off ahora mismo nos esté hablando de esa Cataluña que se quiere ir de España, o de ese Gobierno Central que está haciendo todo lo posible para quedarse solo. 

Habrá un mañana, y otras noticias inundarán las páginas de esos periódicos que al final servirán para limpiar los traseros, es curioso, de los que peor nivel de vida tienen, y que incluso, quizás, no sepan leer.

La vida actual está diseñada para que nuestro Pepito Grillo, esa voz que todos los días al acostarnos nos dice lo bien o mal que nos hemos portado, esté distraído con los demás Pepitos Grillos en un chat que tienen que “alguien” ha diseñado en cualquier WhatsApp. Es lo que vendría a ser el nuevo “Flautista de Hamelin”, que se lleva nuestros yo infantil, donde se encontraría el germen de nuestra personalidad, y los cambia por uno-más-del-redil.


¡Es curioso! De pequeños, muchas veces, al menos a lo de mi “degeneración” nos castigaban a estar solos, cuando habíamos hecho una posible trastada. Ahora es conveniente, muy conveniente, una cura de soledad, siempre un nombre de mujer al fondo, para saber quiénes somos y a dónde queremos ir.  No confundir con a dónde nos quieren llevar, que siempre es, no falla, al huerto. Nada que ver con el sexo, aunque muy posiblemente, si nos dejamos joder, nos joderán.

*FOTO: DE LA RED

martes, 6 de junio de 2017

LICENCIA PARA ESPIAR (...A ESTAS ALTURAS DE LA PELÍCULA)

 

Siempre se ha dicho que si una vez dejas un libro a un amigo, te quedas sin libro y sin amigo.

Hace unos días, Cesar, un amigo, me recomendó una película recién estrenada, “El caso Sloane”.

Hoy he ido a verla.

Elizabeth Sloane, interpretada por Jessica Chastain, es una fría e implacable, ambiciosa y hasta agotadora ejecutiva, contratada para lograr una ley de control de armas en Washington DC. Intentará usar, sin ninguna piedad, todos los recursos a su alcance, plantando cara a un más que poderoso lobby armamentístico, en una durísima campaña, poniendo en riesgo su propia carrera, y especialmente a sus seres, se supone, que queridos. . 


John Madden (El nuevo exótico Hotel Marigold, La deuda) controla este thriller , como si fuera un caballo a punto de desbocarse, y lo consigue, sobre el poder, en este caso sobre el control de armas, según un guión, del debutante, y con una muy buena nota, Jonathan Perera

Jessica Chastain (La noche más oscura, Mamá) encabeza un reparto en el que sobresalen Mark Strong, John Lithgow, Sam Waterston (con una carrera espléndida, aunque su fama siempre haya sido inversamente proporcional a la calidad que atesora). Y en el terreno de ayudantes de la Señorita Sloane destacan dos auténticas joyas: Gugu Mbatha-Raw y Alison Pill.

Película que da qué pensar sobre lo manipulables que podemos ser, especialmente ante políticos corruptos (¿Nos suena de algo?). Por eso que aunque no conste en ningún lugar eso de "basado en hechos reales", tenemos la sensación, durante toda la película, que alguien nos ha dado: licencia para espiar, y nos lo creemos todo a pies juntillas.

Volviendo al dicho del comienzo, hoy no he perdido nada, sino que he descubierto, gracias a la recomendación de Cesar,  a una película, no imprescindible, pero más que recomendable, y un amigo con un muy buen ojo. Y si este vecino fuera narcisista, hasta diría que ya había demostrado lo del buen ojo, cuando me eligió como su amigo.

Sigue habiendo cine que continua sorprendiendo con diversos e inesperados giros, y que dice cosas, aunque la película de hoy no paraba de decirlas, y, puede ser uno de los pocos "peros", ya que a más de un@ ha podido hasta agobiar. Por cierto, y en este punto, espero que el productor no haya pagado a los actores por palabra dicha, porque se ha podido arruinar, ya que en varios casos, no han parado de hablar, y además, y nunca mejor dicho, con mucho arte, 

Una película, que es una especie de master en lobbies, y su gran influencia en la actualidad.

Ya para terminar: no perderse, aunque comiencen los títulos de crédito, las últimas escenas, y esa última mirada de la Señorita Sloan, que puede abrir otra  historia.

*FOTO: DE LA RED

domingo, 18 de diciembre de 2016

SOLO LOS VENCIDOS SE ARRASTRAN (...A ESTAS ALTURAS DE LA PELÍCULA)


Ha caído en mis manos, he tenido la suerte de poder ver (uno tiene amigos con posibles) una película de la última hornada, pero que pasó más bien desapercibida durante su periplo, por las salas de cine. Y como este vecino está convencido del poder del boca a boca, va a romper una lanza, e incluso el incomprensible silencio para que la gente mueva su trasero y compre una copia, o la alquile en los lugares habilitados para ellos. ¿Por qué? Porque cuando menos es una película interesante; en mi opinión particular: más que eso. Y a los que nos gusta el cine nos debería preocupar que los que lanzan un producto al mercado, no ya que se hagan millonarios, sino que cuando menos puedan sobrevivir, e incluso algo más, para que puedan continuar con su oficio de contar historias…

 
Hablamos de una película argentino-española, y no al revés, ya que por de pronto “huele” a Argentina por los cuatro costados: “Al final del túnel”.

 

El argumento, que te dejará clavado en tu butaca, o en el sillón de tu casa, tiene como protagonista a Joaquín que, punto importantísimo, está en una silla de ruedas y, como iremos viendo, consecuencia del drama familiar del que viene. Su casa, prácticamente la mitad, o más, del decorado de nuestra aventura, es triste, descuidada y sucia, e iremos comprobando que conoció tiempos mejores. El triste y continuo silencio es roto por Berta, bailarina de striptease, que junto a su hija Betty, aparecen, en uno de los peores momentos personales de Joaquín, como respuesta a un anuncio que puso para alquilar una habitación, y del que pretende desdecirse. Su presencia alegrará la casa y la vida de Joaquín, se supone, aunque con lo que está aconteciendo, a los espectadores nos traerá más nervios, porque una noche, trabajando en su sótano como informático, Joaquín escucha un debilísimo ruido. Nos daremos cuenta entonces de que una banda de la peor calaña construye un túnel, que por esas casualidades de la vida, y del guion, pasará bajo su casa, con la intención de robar un banco cercano.

 
Es curioso lo de este thriller. Te deja agotado, como agotado quedan la mayoría de los personajes, empezando por un inconmensurable Leonardo Sbaraglia. Aunque su marco, el decorado de la película, son más bien unas pocas estancias, la carga que tiene el argumento y lo que discurre en ellas, hace olvidar persecuciones de coches y explosiones varias de otras películas. Porque el problema, siempre hay uno, transcurre entre personas, y las de esta película están minadas. En cualquier momento sabes que van a explotar, todas y cada una de ellas.

 

Hay un altísimo nivel interpretativo, como ya comentado, con un en estado de gracia, Leonardo Sbaraglia, que para no poder andar, no para, en un continuo alarde físico, dejándonos a todos al borde del infarto. Los malos, son todos de dar de comer aparte:  Pablo Echarri, a su vez en labores de producción, Javier Godino,  Walter Donado, y un Federico Luppi en un papel más que resultón.

 

Lo de Clara Lago merece un párrafo aparte. Su perfecto acento porteño, dicho por los mismísimos porteños, acentúa aún más su esfuerzo por hacer suyo un papel que dista años luz de la imagen que hasta ahora tenemos de ella. Pero de eso trata “actuar”, de romper moldes, de sorprender. Y Clara Lagos una vez más nos sorprende, especialmente para los que seguimos su carrera, y evidentemente la hemos vista pasar de niña a mujer, y ahora a madre, aunque un tanto peculiar. Me da la impresión de que si ella quiere al menos, en muy poco tiempo, ya ha empezado, se la van a rifar en el extranjero. Aunque ella, Clara, ha dado muchas muestras de tener los pies en el suelo, y eso ya es una garantía.
 


El guion y dirección es de un Rodrigo Grande atinadísimo como director, que ha puesto a punto cada uno de los instrumentos para que la sinfonía suene aunque algunas veces sus notas nos pongan muy nerviosos, e incluso nos incomoden. Entre sus directrices, y la ocre y oscura fotografía de Félix Monti, la cinta tiene un punto de teatro, de obra en sitio cerrado, aunque haya escenas rodadas en Tenerife. Porque no hay que olvidar, y no voy a dar pistas, que mientras la mayoría de los personajes se pueden mover como resortes, alguno quizás necesite de la palabra para utilizarla como arma de defensa, que se presenta, además, con extremada contundencia…

 
 Una película que puede que no sea una obra maestra, de hecho no lo es, pero cumple perfectamente con el objetivo de toda película que se precie: hacernos pasar un rato alejados de este mundanal ruido, y en este caso alegrarnos, al final, de seguir vivos y sin ninguna mancha ni de polvo ni de sangre; y secos, que tiene su aquél, especialmente con la cantidad de agua que al terminar la película habremos visto…



Si en algún momento se puede vislumbrar algo del engranaje que nos llevará al final, tampoco importa, porque eso nos ayudará a respirar un poco, sabiendo que por lo menos hay alguna esperanza.

 

Por cierto, y ya para terminar, es una pena que aunque tenía 19 candidaturas a los Goya, no hayan llegado como finalista en ninguna. Más que nada porque se le hubiera brindado, posiblemente, otra oportunidad para un nuevo periplo por las salas de cine, y esta vez, seguro, que hubiera tenido más éxito. Se lo hubiera merecido.
 
*FOTO: DE LA RED

viernes, 24 de abril de 2015

LA CULPA NO FUE DEL CHACHACHÁ


Este vecino del mundo siempre ha pensado que escribir una novela, o película, de suspense, un thriller, como desgraciadamente decimos ahora, prefiriendo los anglicismos, no es difícil. Lo difícil es que el final cuadre con todo lo ocurrido, y deje contentos a todos, es decir que habiendo sorpresas durante toda la historia, el final también nos sorprenda pero tenga su lógica que hasta entonces ni habías olido, ni imaginado.

Recuerdo que en los años setenta se pusieron de moda, como consecuencia del triunfo del cine de Dario Argento (El gato de nueve colas, Cuatro moscas sobre terciopelo gris…), películas europeas de suspense, en las que te lo pasabas francamente bien durante toda la película, siendo sorprendido por un crimen tras otro, sospechando de todos y de nadie. Y al final…resulta que uno de los coprotagonistas tenia doble personalidad, y ni él mismo sabía lo que hacía. Concretamente recuerdo una película en la que siendo David Hemmings el protagonista/sufridor, él mismo era el asesino sin ni siquiera haberse enterado . No recuerdo  el título de esta cinta pero aunque fuera así no lo diría, por aquello de no destripar el final, porque aunque hayan pasado muchos años, siempre puede haber un nuevo espectador. 

Por cosas del destino, en 1981, viviendo en Londres, me crucé, y es verídico, en una de las salidas de Holland Park con el mismísimo Señor Hemmings, nos miramos unos instantes y él se dio cuenta de que le había reconocido. En ese momento me dio muchas ganas de echarle en cara, más que recordarle, el final de esa película. Pero ni yo me sentía tan suelto en su idioma, ni él tenía la culpa del guión.

Cada vez que como ahora se presentan unas elecciones, me acuerdo de toda esa teoría del cine con finales que desmerecen, cuando los políticos de turno nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino. Toda una legislatura, por ejemplo, pasándose el PP los deseos del pueblo por el arco de su triunfo, y ahora la culpa la tienen los demás y sobre todo la crisis. Y sangrante no es eso, sino que los ciudadanos, lectores y sufridores de un guion escrito por unos políticos egoístas, no protesten por una “representación” que les perjudica, nos perjudica, un día sí y el otro también.

Nunca he comprendido, como en una tierra como la levantina, se deje una y otra vez a unos políticos como los que tienen, no solo campar a sus anchas, sino tomarles el pelo; y como premio, votarles una vez más, con el riesgo de que sea verdad eso de que "tenemos los políticos que nos merecemos".

Lo de los gastos de representación de Rita Barberá es una gota más en una inundación que ha dejado a un país anegado de deudas y recortes.
Gastarse presuntamente 278.00 euros en hoteles, viajes, comilonas y amiguetes desde septiembre del 2014 ronda lo pornográfico, se presente como se presente.

Ocurre como lo que contaba de algunas películas de suspense que el final no hay quien se lo trague.  Y si hay algún político/política que se pega la vida padre, después que no venga explicando que la culpa fue del chachachá porque para apreciar una buena historia, no es necesario leer el final. Y el final de algunos políticos es lo mejor que nos puede pasar a la mayoría.

Desde hace unos años desgraciadamente se ha puesto de moda en España, no meterse en problemas el protagonista de unos presuntos actos delictivos, sino quien los cuenta, y así vamos como vamos...

Además, mientras sigamos pensando eso de que “si yo tuviera la posibilidad haría lo mismo” no vamos a ninguna parte. Porque desengañemos, nunca vamos a tener la posibilidad ya que los que están delante ni nos van a dejar llegar, ni vamos a hacer lo necesario para ese viaje, ni estar en esa tesitura.


Por cierto, y ya para terminar, la culpa nunca fue del chachachá, sino de quien se escudaba detrás de esa música para que no se le oyera venir.

*FOTO: DE LA RED

miércoles, 8 de abril de 2015

SOBREVIVIENDO A UN LECTOR INFIEL


No sé si a vosotros os ocurrirá, pero confieso que soy lento a la hora de leer un libro. Y cada vez que paro, porque lo admito, soy inconstante, y retomo el libro, a lo mejor una semana más tarde, tengo la impresión de que he complicado la vida a los personajes implicados, esa misma semana. Que les he dejado parapléjicos perdidos, es un decir, y que si iban en coche, se han quedado quietos sin remisión, con el trasero no en perfectas condiciones, ya se sabe que los tejidos para los asientos al cabo de unas horas son incompatibles con el buen vivir.

La novela de la que os voy a hablar ahora es lo suficientemente buena para haber sobrevivido a los vaivenes de un lector infiel por naturaleza. Sin embargo, a medida que iba pasando la trama, he de confesar que he sufrido los efectos de lo que debe ser una especie de droga dura, y no me he podido desenganchar. El problema será ahora, una vez terminada, siento el abandono de unos personajes, que en mi caso me han acompañado unas cuantas semanas.

“La verdad sobre el caso Harry Quebert”, escrito por un joven suizo de 27 años, Jöel Dicker, no ha pasado desapercibido, ya que recibió el Premio Goncourt des Lycéens, Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa; y publicado en España en Junio del 2013.

Digamos que este libro no es un thriller al uso, aunque hay cadáveres y un asesino al que colgar unos delitos medio ocultos durante años.

Aposentado su argumento en tres diferentes épocas, 1975, 1998 y 2008, su originalidad estriba  en sus continuos vaivenes en el tiempo. En presentarnos una escena de una manera, y al tiempo que vamos capturando información a la vez que el héroe de esta historia (un escritor, Marcus Goldman, ante el pánico escénico de escribir su segunda novela tras el tremendo éxito de la primera), el significado de lo vivido en esa misma escena cambiará.

Este vecino no quisiera desvelar nada de la trama, para que tengáis la misma sensación que él al ser atrapado por la novela en sí. Decir que es más que un thriller, es una historia de amor oculto, un canto a la amistad, y al mismo tiempo una especie de manual para el escritor en ciernes. 

Tan solo desvelar que la historia de amor que se nos cuenta, con Nola Kellergan, a la que nunca olvidaremos, no es políticamente correcta, y quizás en eso esté uno de los grandes valores de una novela en la que nos involucra a nosotros, y nos hace preguntarnos hasta qué punto formaríamos parte de una historia similar, cuando la realidad es que ya hemos compartido una, hemos ejercido de “voyeur” en la historia contada en la novela.

Una novedad también es que no existen los tópicos de la novela negra, ni bebidas con bourbon, ya que el protagonista  nada tiene que ver con ese mundo, sino que se ve forzado por las circunstancias, y nosotros, los lectores, estamos a la misma altura que él: todo es nuevo para nosotros.

Si tienes algo urgente que hacer en los próximos días, no comiences a leer esta novela, te enganchará y tendrás que inventar mentiras para proseguir con ella; como los personajes del libro.

*FOTO: DE LA RED

jueves, 26 de marzo de 2015

¿PROPÓSITO, O DESPROPÓSITO?



Antes de nada quisiera expresar mis condolencias por lo ocurrido ayer con el accidente del avión de la Compañía Germanwings que cubría la línea aérea Barcelona – Düsseldorf, en el que han muerto los 150 viajeros, entre pasajeros y tripulantes, de los que, al parecer, 51 son españoles.

Desgraciadamente vamos acumulando experiencia en sucesos de este tipo, y a los medios de comunicación se les llena, cada vez más, la boca, del cumplimiento de un comportamiento ético, y que respete a los fallecidos y a sus respectivas familias. Y el resultado es, una vez más, lamentable. Eso sí, una y otra vez los canales tanto de radio como de televisión, con sus estrellas correspondientes desplazadas al triste lugar, nos cuentan todo tipo de historias de cada uno de los hasta ahora desconocidos pasajeros con voces apesadumbradas, como lógicamente merece, y en apenas cinco segundos, y por magia no de birlibirloque sino de la publicidad, llegamos al éxtasis del consumismo. Verdaderamente lamentable.

Si como han estado hasta ahora llenándose la boca de intentar aislar a los afectados en una especie de burbuja impermeable a las noticias sobre lo ocurrido, solo queda decir que el esfuerzo ha sido yermo en resultados. Con la novedad además, en las últimas horas, de que lo que antes era un drama arrebatador, y por lo tanto rotundamente serio, se está convirtiendo en un híbrido entre el thriller y una superproducción al más puro estilo hollywoodiense. Con intentos de explicaciones de un posible desenlace fatal debido a una decisión por parte del copiloto, en el que se está aplicando la etiqueta de “posible suicidio” a una decisión que de ser así, se hubiera llevado por delante a un centenar y medio de personas que no tenían ni arte ni parte.

Una vez más tanto las autoridades políticas como los medios de comunicación están jugando a ser políticamente correctos, ante unos hechos que nos presentan a un copiloto como un joven de 28 años, alemán, que pudiera arrastrar algún problema emocional. Es como para rasgarse las vestiduras ante un fariseísmo reinante que intenta encontrar una razón, un “algo” para una respuesta que no existe, y en la que no nos tomaríamos el mismo tiempo, si el país de origen del copiloto, o incluso su religión, hubiera sido otra.

Vaya por delante que este vecino del mundo no quiere justificar en ningún caso lo ocurrido, sea por causas mecánicas o por la decisión irracional de una persona, pero que el lenguaje de los que están dando todo tipo de explicaciones plausibles hubiera sido totalmente diferente si el perfil del copiloto hubiera sido otro, concretamente su nacionalidad o su religión.

De todas maneras, convendrá seguir el desenlace de este suceso, ya que al ser un accidente fuera de nuestras fronteras, seguro que el camino que tomarán los acontecimientos no se parecerá en nada a los que en general tristemente suelen ocurrir en nuestro suelo patrio; que es el que pasen muchos años entre estudios de todo tipo,  y culpas normalmente repartidas entre gente ya fallecida y que no se puede defender, y unos juicios tan distantes en el tiempo que parecen incluso perder su sentido.

Este vecino del mundo  recuerda que de pequeño le intrigaba mucho eso del “propósito de enmienda”, pero en realidad siempre queda en algo formalmente complejo, que tras ser analizado es totalmente vacuo. Y si no, éste es un ejemplo perfecto: el mismo o peor comportamiento, por parte de todos, eso sí.


*FOTO: DE LA RED


domingo, 25 de enero de 2015

JUEGO DE MÁSCARAS (...A ESTAS ALTURAS DE LA PELÍCULA)


"Autómata" puede haber sido una gran película del oeste llevada al futuro o una historia negra revestida de parafernalia futurista, pero en realidad es un juego de máscaras donde lo que importa es el interior.
En un futuro nunca especificado, pero no muy lejano, vemos un planeta, el nuestro, víctima de la desertización. Jacq Vaucan (Antonio Banderas), agente de seguros de la compañía que tiene el monopolio robótico, tiene que investigar un caso aparentemente menor, que derivará en algo mucho más grande para la humanidad. El Señor Banderas produce y protagoniza este thriller futurista con estética vaquera, que especula sobre lo que ocurriría si la inteligencia artificial superase a la humana.
A todo el que haya visto o vaya ver esta película, le vendrá a la mente “Blade runner”, e incluso "Yo, robot", pero como siempre se ha dicho, las comparaciones son odiosas. Y quizás en esas pretensiones, no de superproducción, sino filosóficas, quizás esté el talón de Aquiles de esta película.
Esta historia puede tener una lectura, como ya se ha comentado, profundamente filosófica, e incluso religiosa, y en opinión de este vecino del mundo, en ellas la historia se hace muy pequeña,  pero si simplemente el espectador quiere dejarse llevar, puede ser una afectiva historia de amor, o incluso un singular triángulo amoroso, en el que se da preferencia a los sentimientos en detrimento de la sabiduría. Las máquinas en poco tiempo podrán ser más “listas” que nosotros, pero las historias vividas con la piel, con el tacto de los sentimientos, son un mundo aparte.
Es un trabajo de honestas pretensiones en el que nunca se han asimilado correctamente todos los componentes,  y de pronto, haciendo una especie de paréntesis en la trama de la película, se lanzan frases, bien aparentes, a modo de comida para el hambriento de significados.
Personalmente me gusta más lo que no se dice, por las caras inexpresivas de los autómatas, que lo que se cuenta. Esa peluca de la autómata de sugerentes formas, es un claro guiño a la replicante de “Blade runner”. Cleo es tan inteligente que se da cuenta de lo que nunca podrá entender, las cuestiones que atañen a los sentimientos, y tal vez por eso, al final, se quite la máscara, para no expresar esa dulzura que nunca podrá tener.
Quizás, y para este vecino del mundo, en esta ocasión el trabajo de Antonio Banderas es demasiado exagerado, como gustándose así mismo, y mostrando un catálogo de tics, demasiado empalagosos para la parquedad del resto de personajes, autómatas incluidos.
Ha sido un gusto el rencontrarse con un Tim McInnerny, por siempre recordado como uno de los entrañables amigos de “Notting Hill”, haciendo de un malo más al estilo de las películas del oeste de Clint Eastwood.
Una obra de grandes intenciones, por parte del director Gabe Ibañez, siempre a la sombra y al servicio de Antonio Banderas, y de un presupuesto más que ajustado que sin embargo de lo único que adolece es de un guion, quizás un poco más consistente, y que está más dirigido a lo pretencioso que a lo eficaz.
Es una pena el pensar que esta película es una especie de testamento del binomio Banderas – Griffith, que aunque Melania, en la película aparece poco, en el original en inglés pone incluso la voz a la bella Cleo.
Este vecino no quiere cargar las tintas en las partes más débiles de la película, porque siempre es un lujo que haya personas valientes como Antonio Banderas, y su productora “Green Moon”, que no tengan miedo en jugarse su patrimonio en la ruleta del séptimo arte.
Gracias, Antonio, por existir y porque te guste el cine. 

*FOTO: DE LA RED