martes, 12 de marzo de 2013

CON LA CLAVE HEMOS TOPADO


Algo especial se estaba sintiendo en el ambiente estos días, y que eclosionará hoy, y no por la inquietud que supone la imagen mostrada,  de unos bomberos colocando una chimenea.  Incluso, hay personas que en el único momento que mencionan a Dios y miran al cielo en sus vidas, es cuando se pegan con un martillo en uno de los dedos, y ellos también están dando su opinión sobre el cónclave que hoy comienza.
Este acontecimiento supone la mayor concentración de hombres por metro cuadrado, en el que no tenga nada que ver ni el fútbol ni el sexo, y que en sí mismo tiene que ser un hecho histórico. E histérico también, porque no importa el nombre que se le dé, en realidad no deja de ser una reunión de hombres, por mucho que sean cardenales también, con la puerta cerrada hasta que lleguen a un acuerdo, y con prohibición de desvelar lo que allí dentro ocurra, y eso crea mucho morbo.
Es más, depende de cómo describas esa reunión, de primeras pudiera parecer una sociedad gastronómica típica vasca, incluso lo de ver un espíritu santo, es comprensible dependiendo de a qué hora se afirma haberlo visto, y cuantos vasos alcoholizados han caído antes.
Vaya por delante, que ésto no se podría llevar a cabo en algunos sitios, y el primer lugar que se le ocurre a este vecino del mundo es en el ayuntamiento de Donosti, porque allí no llegan a un acuerdo ni aunque les ayude el Espíritu Santo. Es más, seguro que ese dimite a las primeras de cambio, porque se crearía alguna comisión, tanto a favor como en contra, sobre si el utilizar una paloma es en realidad maltrato animal.
Todo lo que se salga de la normalidad, y esta ceremonia, rito, costumbre o como queramos llamarlo, se sale de ello, en cierta manera detiene la marcha del resto del mundo, y centra su foco en el pequeño estado vaticano.
De la reunión que supone un cónclave nunca habrá datos fehacientes, y solo sospechas sostenidas con los signos que se aprecien desde fuera, como son los días que dure, y la cantidad de fumatas. Están previstas dos por la mañana y dos por la tarde. Mientras no se pongan de acuerdo los cardenales electores, en sus dos terceras partes, o lo que es lo mismo, setenta y siete de ciento quince, la fumata será negra, y la última, la fumata blanca, dirá al mundo que habemus papam.
Ya para terminar. Se están haciendo todo tipo de estudios sobre la duración del citado cónclave, y la opinión generalizada es que, como mucho, durará dos días.
La opinión de este vecino del mundo va en esta misma línea, pero por diferente razón, y que es contundente: Tienen prohibida la entrada al cónclave y el uso de teléfonos móviles. Y toda persona ya acostumbrada a tener uno en sus manos, pasa auténtico mono, aunque en este contexto utilizaremos la expresión "calvario", sin él. Se supone que ellos conviven con el hecho de no tener sexo, pero lo otro, la ausencia del teléfono, ya es demasiado, incluso para ellos por mucho Espíritu Santo que les ayude. Algún vicio confesable tenían que tener.

* FOTO: DE LA RED

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