¿Qué mensaje se quiere dar cuando se dice “acabo de hacer un
largo viaje”?
En mi caso, no he recorrido Estados Unidos de Norte a Sur mezclándome
con los nativos, o hijos de guiris en su momento, pero me he echado a mis espaldas
un viaje desde el Levante español hasta Donosti en autobús, y solo por la
duración, doce horas en teoría, once y media en la práctica, sí merece la pena ese
calificativo.
Algunas veces, hoy ha sido una de ellas, hasta se te pueden olvidar tus vacaciones
por todo lo que te puede pasar, en teoría nada, en un viaje tan largo.
En primer lugar, se rogaría, como en todas las
actuaciones de nuestra vida, respeto, por nuestra parte y por la de todos, al
comenzar un viaje tan largo. Pero hay algunos, más de los que podría parecer,
que en unos pocos minutos ya han convertido un pequeño recoveco, el suyo, y si
pueden el tuyo, en su casa, mediante todo tipo de comportamientos, gestos, e incluso, desgraciadamente, olores.
Hoy me ha tocado, he padecido, a una pasajera, que iba delante mío, que tenía
de todo.
¿Que no te gusta que la gente se descalce? No sé si ella
ha entrado con zapatos, me imagino que sí, pero en todo momento ha compartido
con los demás, como si de una O.N.G. de donantes de epidermis se tratara, sus
callosidades, nada envidiables por cierto. Hasta extremos, que por momentos, parecía
el ensayo de alguna pieza de ballet
moderno, levantando la pierna hasta casi la zona donde están las salidas del
aire acondicionado, lo que viene siendo la balda donde
se dejan bolsas y chaquetas para tenerlas a mano cuando hay una parada.
A eso hay que unir, su potente voz, y excelente dicción, en casi todo momento, y la
gran cantidad de amigos y conocidos que tenía, tiene, la condenada. Aunque en
este caso , el condenado me temo que ha sido este vecino del mundo.
¡Qué
capacidad para relatar todo lo que ha hecho en esos días que, al parecer, ha estado en Torrevieja, a cada
uno de sus amigos y conocidos!
Estaba claro que no mentía, porque ha repetido las mismas cantinelas una decena de veces, por lo que en cualquier momento, me he temido, que todos, a
modo de coro de gran tragedia griega, la hubiéramos acompañado en la descripción a un nuevo amigo.
Este vecino del mundo ya había entrado en el autobús cargado
de grandes dosis de paciencia ante el largo viaje, y el posible comportamiento,
siempre previsible, de alguno de los pasajeros, pero ha estado a punto de tener
que requerir más dosis de paciencia, porque casi no llegan para cubrir todo el
viaje.
Luego, y siguiendo con la misma pasajera, ya podemos
pasar a esa faceta intimista, de ella para conmigo, ya que gentilmente en un
momento dado, cuando ha considerado pertinente que de estar en “su” casa, pasábamos a
una intimidad compartida, se ha volcado sin el menor reparo ni miramiento hasta
los centímetros anteriores, dos o tres, de mis partes más intimas. Pero ha sido
tal su casi total reclinación, que aunque ella mantenía una conversación y
se supone que mentalmente se encontraba muy lejos de allí, de repente su ángulo
de visión, y el mío como consecuencia, presentaba lo que en idioma cinematográfico
se describiría como un primerísimo primer plano de mi cara, en su caso, y de
la suya, en el mío.
Si aquello hubiera sido una película de Alfred Hitchcock,
hubiera sonado sin duda una banda sonora repleta de violines y azúcar,
compuesta por Miklós Rózsa, pero en seguida, sin tiempo de intimar, se ha dado cuenta de la situación,
o de mi cara, y un muy bajito y rápido “lo siento” ha dado origen a un
retroceso de su butaca, pero sólo de unos dos centímetros, lo suficiente para
que ella no viera la epidermis que cubre mi cabeza. Ha quedado más que claro,
que para ella "no ver a nadie más" significaba que ya no molestaba. Aunque lo que
me temo es que durante unos pocos segundos, mi cara, simplemente, le había alejado
de la compañía de su interlocutor.
A modo de resumen, y como hubiera dicho otro gran viajero, James Bond: Ha sido
un viaje agitado, no mezclado. ¡Gracias a Dios! Y por muy poco...
*FOTO: DE LA RED